Casi no me quedan minutos libres, y eso es bueno. Los pasos a seguir para finiquitar mi actividad hotelera se están demorando más de lo esperado. Pero además, no hago más que moverme de un lado a otro. Hoy ha sido el primer día de mi nueva ocupación: he comenzado a trabajar -de momento ha sido un primer contacto- en mi anterior empresa. Y tengo que agradecer a sus socios la confianza que han depositado en mí en esta ocasión. Debo agradecérselo a cada uno de ellos personalmente. Como autónomo, trabajaré para ellos en proyectos concretos, algunos cursos, actividades varias… Me fui de esa empresa por muchos motivos y muy concretos y jamás me arrepentí de esa decisión, pero en mi actual situación, la opción de trabajar de nuevo para ellos es la que más me conviene. Soy muy consciente de cuál es ahora mi lugar allí y no habrá problemas de ningún tipo. El tiempo dirá qué es de mi futuro. Sigo empeñado en estudiar, en salir de aquí un tiempo si me es posible. Pero para ello la única opción posible es vender el hotel, y tal y como están las cosas, no es tarea fácil. No obstante, no tengo prisa alguna.
Estuve en mi gestoría de Pau. Volví a preguntar las posibilidades de conseguir una financiación adecuada para una posible reapertura del hotel. Y Frédéric me contestó que hoy en día la única posibilidad es la Cámara de Comercio de Pau, y con muchas dificultades. La banca francesa ahora mismo no aprueba ni siquiera créditos de 20000 euros. Hay gente con inquietudes e iniciativas que abren nuevas empresas o negocios y a los dos o tres años se ven obligados a cerrar. Ahora mismo en Francia, o se tiene mucho dinero o nadie abre un nuevo negocio. Frédéric me dijo que yo, bastante tiempo y bastante bien había aguantado.
Y mientras tanto, yo rehago mi vida personal. Busco Mediterráneo. Y los fines de semana me dedico a

disfrutar del sol en un entorno diferente, nuevo,

gozar con viejas tradiciones locales,

ver un partido de basket de mi sobrina María, -hija de mi prima-,

y rodearme de críos -¡vaya! si son todo niñas ;-)- discutir con ellas para darles de comer, hacer un poco el tonto, ponerles la mesa, servirles los macarrones con tomate, preguntarles qué van a beber, sacarles luego el lomo empanado…
En fin, la vida sigue. Y hay vida más allá de los Pirineos, de los hoteles, del trabajo, de las montañas, de los problemas. La vida sigue y yo sólo busco vivirla del modo más sencillo posible, del modo más feliz posible. La vida sigue y a veces pienso que yo llevaba dos años sin saberlo, sin encontrarla, sin paladearla. Sé que tampoco es así, que no es para tanto. Pero tengo ahora esa sensación, que a buen seguro se me pasará y llegará el día en que sabré succionar y aprovechar los aprendizajes de estos dos últimos años que hoy tanto me pesan.
De momento disfruto de las personas y del nuevo tiempo. Hay gente que sigue sorprendiéndome con reacciones hacia mí que no esperaba. Sin un motivo conocido ni evidente se comportan conmigo de un modo tan cercano, tan amable, tan solidario incluso, que me emocionan. Es gente normal, amigos o conocidos que sin pedirlo me “echan un cable” en pequeñas cosas que en estos instantes son esenciales. Es el mayor tesoro, son el mayor tesoro. No existen los paraísos. Son las personas quienes hacen posible que existan.