La foto es de Jesús Encinar, y muestra un instante de la reunión mantenida ayer entre representantes del Ministerio de Cultura y los denominados ‘gurus’ de Internet.
Me resulta interesante todo el debate que se ha generado alrededor de internet y los derechos de autor. Leyendo noticias, escuchando la radio, viendo los informativos de televisión, advierto sin embargo que hay muchísimas personas -grandes periodistas y políticos importantes incluídos- que no han llegado a comprender el fondo del asunto, que no conocen cuál es el funcionamiento de un proceso de descarga de archivos a través de internet ni el por qué de la protesta que se ha desatado. No es fácil hacerlo, es un mundo tan nuevo y complejo que se nos escapa a la gran mayoría.
El blog de Ignacio Escolar -Escolar.net- lleva echando humo un par de días, como otros muchos de los denominados gurus de internet que participaron ayer en la reunión con la ministra Sinde. Aparte del interés del blog de Escolar, es de gran utilidad el seguimiento de los comentarios en cada entrada, y uno de ellos, firmado por skosvas, creo que resulta clarificador para entender la inutilidad de lo que pretende el Ministerio de Cultura (otros comentarios interesantes para comprender todo, aquí):
Skosvas dice:
“Aunque imagino que muchos lo sabrán, otros quizas no lo saben. Aún a riesgo de parecer lo que no es trataré de aclarar algo:
-”bajarse una peli de la red”—>en realidad lo que te “bajas” no lo bajas, lo que haces es compartir un trozo de esa peli con otros, es un intercambio “transversal” el fichero “raiz” (el primero) no está en ninguna web. Está en un ordenador de alguien que está conectado a la red ed2k o a la red kad, o a la red torrent, que utilizan diferentes protocolos para comunicarse.
Las webs objeto de debate proporcionan un e-link, un enlace de llamada que, al clicarlo o ponerlo en el programa emule o un liente de torrent, te conecta con la red en la que están aquellos que están compartiendo ese archivo a trozos.
Posteriormente, cuando ya los tienes todos, el programa los compila y te ofrece el archivo que buscabas ya completo y listo para usar.
Esa web ni siquiera te pone en contaco con el archivo entero, te pone en contacto con la red en la que están quienes lo tienen y lo están COMPARTIENDO. En realidad es una “descarga transversal”, no es lo mismo que si uno se conecta via http o vía ftp con un host en donde está alojado determinado fichero y se lo “baja”.
Aquí el fichero incluso no puede estar fisicamente entero en ninguna parte, basta con que estén las partes que lo harían entero en ordendres distintos. Al cabo del tiempo, todos acabarían teniéndolo entero; es decir, imaginemos que yo coloco un archivo entero en la red y voy distribuyendo partes de él y antes de que alguien más lo complete, me desconecto. Si las partes que se han distribuido pueden formar ya un todo, tendremos que el fichero NO ESTA en la red, pero si sus partes.
Cerrar una web de enlaces es absurdo cuando los propios programas p2p disponen de buscadores que hacen innecesario el uso por el internauta de ese tipo de webs si no quiere; sólo recopilan información para hacer más cómoda la búsqueda.
Un Internauta cualquiera puede ir a una web de cine especializada y ver cuales son los últimos lanzamientos comerciales de películas en DVD. Entonces tiene la opción clara de ir a su emule y en búsqueda, poner el título. Ahí estará el e-link, e igualmente con su cliente de torrent.
No saber esto, es absurdo. Pretender paralizar el intercambio de archivos con una ley que cierra webs de enlaces, es absurdo, por innnecesario y porque no alivia en nada el problema.
Lo que se persigue es otra cosa: es meter una cuña en el control del uso de Internet por parte del gobierno eliminando la tutela judicial para el cierre de una web que pudier ser “molesta”. Esa y no otra es la madre del cordero, porque cualquiera sabe que las webs de enlaces no significan absolutamete nada en el tema del intercambio de archivos.[...]“
No se trata pues de cerrar portales o páginas web donde teóricamente hay almacenados multitud de canciones, películas o libros sujetos a derechos de autor y a donde acuden los usuarios para bajárselos gratuitamente, no, porque esto no suele suceder. Esos archivos están ubicados en millones de ordenadores particulares con archivos y contenidos compartidos a través de la red, y esas herramientas, sitios web o programas facilitan el contacto entre unos y otros para ejecutar las descargas.
Esta “piratería” tal y como muchos la entienden ha existido siempre. Siempre ha habido intercambios, siempre por ejemplo han existido las bibliotecas, donde infinidad de obras sujetas a derechos de autor estaban y siguen estando a disposición de cualquier usuario sin necesidad de adquirirlas; existieron durante mucho años las ‘cassettes’ donde todos grabábamos las canciones de aquellos LP’s que nos prestaban los amigos más pudientes que nosostros. Hoy todo eso se ha multiplicado, han cambiado los procedimientos, las formas y los canales, pero el fundamento es el mismo. Si alguna canción me gustaba mucho, ahorraba dinero y acudía al concierto del músico o grupo en cuestión pagando lo que procediese. Ese es el producto a vender, ésa es la creación del artista que merece la pena disfrutar y por la cual se debe pagar. ¿Por qué nunca he pagado cuando he disfrutado de la reproducción de alguna obra de Pepe Cerdá a través internet, algún periódico, revista o catálogo? La veré mil veces, y si me gusta, la admiraré an alguna exposición aunque ésta no sea gratuita y trataré de conocer y conversar con el autor. Y si finalmente me atrapa -y mi bolsillo me lo permite- la compraré. Porque esa obra -como aquel concierto- es el producto creado por el autor por el cual merece la pena pagar, la obra viva, la obra en directo, la obra pura.
Gabilondo mostraba ayer una actitud interesante al reconocer en su informativo que carecían de opinión y criterio aún formados debido a la novedad de esa ‘plataforma’ que es internet y a los veloces cambios que en ella se estaban produciendo. Comentaba que estaban observando, aprendiendo. Pero al final hizo una apreciación desafortunada: afirmó que desde luego, y como es fácil de comprender -según sus palabras-, lo que no se puede aceptar es el “gratis total” que algunos pretenden. Y Gabilondo no fue en ese momento consciente de que durante años él mismo ha trabajado en la radio. Y que precisamente ese es un medio cargado de contenidos, muchos de ellos de enorme calidad, que para el usuario, para el oyente, es gratis total.
Quieran o no unos y otros, la existencia de Internet está cambiando todo, y más que lo va a cambiar. Habrá cambios en las industrias y en los modelos productivos de la Cultura, habrá crisis, habrá catársis. Como en cualquier sector que ha sufrido una reestructuración importante. Cambiará la industria de la música, del cine, del periodismo. Pero eso, la industria, no el producto, no la creación que es inherente a la propia existencia de las personas. Y eso es algo que sus protagonistas deberán pronto asumir, porque este cambio cultural y social que implica la sola existencia de Internet, ya está aquí. Y es imparable.