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Cuatro de julio

La memoria escupe con insistencia imagenes de hace justo un año que quiero borrar. Prefiero recordarte en cualquier otro instante, pero la memoria es traidora y se empeña en presentarme crudamente ese cuatro de julio en que te largaste sin darnos casi tiempo a reaccionar. Se han escapado cientos de días con tu ausencia cosida a la piel de una espalda a veces cansada. Pero la lógica pena siempre supo cuál era su sitio y nunca le robó ni un poquito de espacio a la vida.

Hoy sin embargo necesito que la tristeza campe a sus aires… Hoy necesito aire y espacio para pensarte. Únicamente para pensarte…

Beyoncé

Una buena canción para terminar bien la semana…

Curiosidades históricas

Recuerdo que desde que adquirimos la vieja ‘Casa Cachana’ en Canfranc para iniciar nuestra andadura profesional allá por el año 87, siempre despertó mi curiosidad el viejo escudo tallado en piedra que coronaba el arco de entrada a la misma. Nadie parecía conocer su significado y eran diversas las teorías locales que trataban de explicarlo, siendo una de las más aceptadas la que aseguraba que se trataba del escudo original de la Villa de Canfranc. Los animales allí representados en dos de los cuarteles parecían ser -según algunos- osos o perros. Y parecía claro que las barras verticales de los otros dos eran sin duda las barras de Aragón, aunque las disputas se centraban en dilucidar o explicar por qué parecía haber tres barras en lugar de las cuatro aragonesas.

Hace algún tiempo cayó en mis manos un folleto en francés con descripciones y fotografías del rico patrimonio histórico artístico del vecino Bearne, y enseguida me llamó la atención la imagen de un escudo tallado en madera en la bóveda de una pequeña iglesia bearnesa. Ese escudo era el mismo que el que figuraba en el arco de ‘Casa Cachana’ salvo que los cuarteles estaban dispuestos en sentido inverso, y que en este caso se trataba de un escudo policromado. Allí se podía advertir con claridad que eran tres las barras verticales de dos de los cuarteles, y que los animales representados en los otros dos eran sencillamente vacas: las vacas del escudo y bandera del Bearne.

Consultando en diversos sitios web sobre heráldica e historia, pude averiguar que dicho escudo es el escudo de armas del Condado de Foix -tres barras rojas- y Vizcondado de Bearne -dos vacas-, cuyo origen puede atribuirse a Gastón Febus, quien con la unión de ambos territorios en el siglo XIV logró lo más parecido a la creación de un Estado pirenaico casi independiente. Pude averiguar también que el actual escudo de Canfranc es una interpretación más o menos libre y arriesgada de un posible escudo  anterior y más antiguo, realizado probablemente en el siglo XVIII. En él, hoy puede observarse una distribución diferente de los cuarteles, con las barras rojas a derecha e izquierda, y dos perros o ‘canes’ en los cuarteles superior e inferior, identificando así, de manera seguramente desacertada, el origen etimológico del topónimo Canfranc con la palabra ‘can’=perro.

Queda para investigadores e historiadores la interesante tarea de averiguar hasta qué punto fue intensa la relación de Canfranc con el vecino Bearne y qué sentido puede tener la existencia de ese escudo en el arco de entrada de una vieja casa de la villa pirenaica.

LaMima

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No llegan las palabras, no caben, no pueden. No existen suficientes, no bastan, no alcanzan. Se quedan cortas, se rompen, se esconden.

No llegan las palabras porque no existen. No existen cuando se trata de describirte, de contarte, de relatarte a ti y a lo que tú haces. Son tuyas las palabras, y hay que tenerlas, hay que seguirlas, hay que leerlas. Porque observarte detrás de tus letras es simplemente aprenderte.

Ánimo. Eres enorme.

¿Una cervecita…?

Cuando una idea publicitaria es simplemente buena…

Suerte, Miguel

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Miguelón, entrevistando a Casimiro Curbelo, presidente del Cabildo de la Gomera

La última vez que escribí sobre él andaba tras los micrófonos de la SER trabajando como becario y aprendiendo el oficio. Ha pasado el tiempo y el tipo ha aprobado oposiciones. Su primer destino es la isla de la Gomera, donde lleva ya casi un año. Allí trabaja en los informativos territoriales de Televisión Española en Canarias y cubre la información de Radio Nacional de España desde la Gomera. Se le puede escuchar de vez en cuando en Radio 5, y en ocasiones también en el Canal 24 Horas de Televisión Española. Según parece, pronto saltará a Tenerife, donde le reclaman cada vez con más frecuencia sus jefes por su buen hacer profesional. En una ocasión ya salió dando una información para todo el país sobre la llegada de inmigrantes subsaharianos en patera a la isla, en el Telediario nacional de las 21:00h.

Cada vez que Miguelón vuela a la península y se acerca por Canfranc, quedamos al menos un día para comer juntos. Y entonces me habla y me cuenta sus andanzas, me explica cómo trabaja y qué hace, y no puede evitar -si es el caso- girarse para mirar las noticias del informativo de turno si el local en ese momento tiene la tele encendida. Y yo disfruto mirándole y escuchándole, viendo cómo saborea el periodismo, atento a sus ilusiones, a sus planes, a su forma de narrar sus anécdotas y experiencias.

Hay cientos de periodistas ejerciendo en emisoras de radio y canales de televisión regionales y estatales. Pero sólo uno de ellos es mi hermano. Conocer de cerca su trayectoria vital, saber cómo, cuándo y por qué inició los estudios de periodismo, haber vivido todas las penurias y dificultades que tuvo que superar para hacer realidad ese sueño, ver cómo se aplicaba día y noche en la preparación de unas oposiciones que más de un rostro conocido de informativos quisiera poder aprobar al primer intento como él, hace que verle en unas imágenes con el logo de RNE a sus espaldas realizando sencillamente su trabajo, me llene de íntima y enorme felicidad.

Suerte, Miguel.

Mi viejo iMac G3

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Mi viejo y entrañable iMac, de nuevo totalmente operativo

Nunca me ha gustado deshacerme de cosas viejas que aún funcionan. Nunca he entendido esta cultura dominante de desprenderse de lo viejo porque hay algo más nuevo, más moderno, más potente que, muchas veces falsamente, nos dará un teórico mejor servicio. Y tampoco he comprendido nunca porqué tenemos esa enorme capacidad de dejarnos engatusar por la pretendida necesidad de consumir productos ‘a la última’ provocada gracias a sutiles campañas publicitarias y de marketing que son el referente primero de toda una cultura del consumo por la que estas generaciones nuestras nos hemos dejado arrastrar irremediablemente.

Me gusta exprimir lo que compro hasta que deja de ser útil de verdad. Y si no es así, lo doy a alguien que continúe usándolo. Pero nunca lo tiro. Guardo varios de los últimos teléfonos móviles que usé en años anteriores, aunque varios de ellos viajan este mes de junio a Cuba para seguir siendo utlilizados. Tengo una televisión que compré en 1990 y que, a pesar de no ser de pantalla de plasma, aún funciona perfectamente. Mi coche es de segunda mano, y siempre han sido así los coches que he comprado. El anterior se lo regalé a mi hermano hasta que dejó de andar. Y éste durará hasta que reviente. Tengo en casa instalado un viejo teléfono de los años 50 que sí… ¡funciona! Cuando mis compañeros se deshicieron de la vieja lavadora que compramos al empezar en el Refugio de Canfranc porque tenía una avería, y de esto ya hace más de 15 años, yo la recogí, la reparé en Huesca y me la quedé. La he usado en el hotel -para uso personal, eso sí- hasta que lo cerré, y aún funciona a las mil maravillas.

Y cuento todo esto por la especial saatisfacción que me produce haber recuperado para su uso a mi viejo y querido iMac G3. De hecho este ‘post’ lo estoy escribiendo desde el mismo. Este viejo cacharro del año 2000 llevaba tiempo en un trastero. Su sistema operativo no daba más de sí, la capacidad de su disco duro es ridícula en comparación con los modernos aparatos, y la velocidad de su procesador no es precisamente acorde con lo que ahora estamos acostumbrados. Pero gracias a Linux, aquí lo tengo, funcionando.

Ya hablé en un ‘post’ anterior sobre Linux. Desde entonces y en los últimos meses he estado aprendiendo y comprendiendo qué es, qué supone, y hasta dónde puede llegar el sistema operativo GNU/Linux. Y verdaderamente estoy sorprendido y encantado. Mi viejo iMac funciona con un procesador “ppc”. Hace ya años que Apple dio un salto monumental en su evolución en la fábrica de ordenadores cambiando los procesadores “ppc” por los “intel”, mucho más universales, populares, y utilizados por otras marcas y usuarios. La gente que funcionábamos con los Mac de siempre nos quedamos pronto desfasados y sin soporte técnico. Canonical, la empresa que trabaja las versiones Ubuntu, Kubuntu y Xubuntu de Linux, tampoco ofrece distribuciones para arquitecturas “ppc”. Pero el software libre tiene de bueno que lo que no se puede encontrar en lugares oficiales de empresas, se encuentra entre la comunidad de usuarios y programadores de Linux. Así que conseguí una distribución Xubuntu para ordenadores con procesador “ppc”. La pude instalar, no sin algunas dificultades, la ajusté a mis necesidades ayudándome de foros y sitios web muy diversos, y aquí está, corriendo en mi entrañable iMac G3.

Así que ahora, tengo un sistema operativo GNU/Linux del año 2007 gracias al cual me conecto desde un iMac de Apple de hace 10 años, al servidor de mi empresa y puedo trabajar con el ultramoderno Word 2007 de Microsoft sin ningún problema. Y además, sin necesidad de conectarme a ese seridor, y desde mi nuevo sistema operativo Xubuntu 7.10, puedo navegar por internet, enviar y recibir correo, conectarme a mi impresora y cualquier otro hardware como cámaras fotográficas, memorias ‘usb’, teléfonos móviles, etc., editar fotografías, trabajar con hojas de cálculo o procesador de texto con un programa gratuito y libre compatible en un 98% al Office de Microsoft… en fin, que puedo hacer todo lo que yo necesito hacer con un ordenador.  ¡Cuántos ordenadores aparentemente viejos o desfasados se habrán tirado en el mundo, o estarán aparcados en armarios y trasteros ocupando espacio! ¡Cuánto contribuimos a diario y sin saberlo a la cultura del desperdicio, del derroche, del consumismo irresponsable, gastando además un dinero que en realidad no tendríamos ninguna necesidad de gastar…!

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La imagen la he tomado de El País. AFP 28-05-2009

Es lo que ayer gritaba la pequeña Blanca desde su balcón ajena por completo a las explicaciones  de su madre, quien trataba de decirle que no, que eran ingleses los que habían perdido frente al Barça. “¡Llorad romanos, llorad…!” continuaba gritando ella fuera de sí, feliz, con el pijama ya puesto, uniéndose así a la increíble fiesta que es desde ayer la ciudad de Barcelona.

Yo nunca fui ‘futbolero’ y sin embargo este Barça me ha enganchado. Supongo que mucha culpa tendrán los seis meses invernales que he vivido allí, la pasión con que el Jordi vivía los partidos,  y sobre todo, la locura que el Toni nos contagiaba cada fin de semana ante las victorias encadenadas de este equipo. No, nunca he sido futbolero, pero este año he seguido y he visto con enorme interés varios partidos del Barça: contra el Madrid, contra el Chelsea, contra el Villareal, contra el Athletic, contra el Manchester… Y además he disfrutado. He comprendido lo que es buen fútbol, he sufrido, he gritado, he pasado nervios, me he reído, he botado… y ahora aquí estoy, mirando plácidamente la 2, para ver llegar a los Xavi, Iniesta, Mesi, Eto’o, Pujol…. Guardiola, al Camp Nou para ofrecer a una afición feliz su trabajo, su inteligencia, la belleza de su juego y todos sus triunfos.

Y ahora a disfrutarlo, por qué no…!

Y además ¡qué narices!, el escudo del Barça lleva la bandera de Aragón y la cruz de San Jorge. ;-)

El ‘maʊs’

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Charlando de banalidades y sinsorgadas varias, una amiga me contaba hace un rato que no le funcionaba el ‘maʊs‘. El ‘maʊs‘… Y a mí, pobre ignorante, no se me ha ocurrido otra cosa que preguntarle que qué era eso del ‘maʊs‘. Claro, la carcajada ha fluido natural, espontánea, potente, sonora… Y es que resulta que según ella, al ratón de toda la vida siempre se le ha llamado ‘maʊs‘. Yo no podía creerlo, ¡por dios!, pero si siempre  han sido la pantalla, el teclado y el ratón…! A mí, oyéndoselo decir, me ha sonado super pijo, y ella por contra, me aseguraba que es que yo soy muy ‘de pueblo’. Y hemos terminado por acordar que haría un sondeo en mi oficina, a ver cuánta gente usaba el término ‘ratón’ y cuánta prefería lo de ‘maʊs‘ para uso cotidiano. Y aprovechando la trascendencia del asunto, me atrevo a proponer aquí, abiertamente, la encuesta que sigue. Y como siempre me gusta contrastar opiniones e informarme convenientemente sobre todo acerca de los asuntos serios y trascendentes, pues he acudido una vez más a Wikipedia con el siguiente resultado:

“El ratón o mouse (del inglés, pronunciado [maʊs]) es un dispositivo apuntador, generalmente fabricado en plástico. Se utiliza con una de las manos del usuario y detecta su movimiento relativo en dos dimensiones por la superficie plana en la que se apoya, reflejándose habitualmente a través de un puntero o flecha en el monitor.

Hoy en día es un elemento imprescindible en un equipo informático para la mayoría de las personas, y pese a la aparición de otras tecnologías con una función similar, como la pantalla táctil, la práctica ha demostrado que tendrá todavía muchos años de vida útil. No obstante, en el futuro podría ser posible mover el cursor o el puntero con los ojos o basarse en el reconocimiento de voz.”

([...]en el futuro podría ser posible mover el cursor o el puntero con los ojos[...] ¿¿¿??? ¿Cómo? ¡Digo yo que será con la mirada! ¿O habrá querido decir con los ‘eyes’?)

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Cuanto más trabajo en el desarrollo de proyectos de cooperación transfronteriza, más consciente soy de la realidad de unas estructuras rígidas e inamovibles que hacen del sueño de una Europa real, una quimera inalcanzable a medio plazo. En los últimos tiempos he estado inmerso en un proyecto de desarrollo del Vuelo a Vela a escala transpirenaica; trabajé también en el diseño de un proyecto de cooperación entre los ayuntamientos de Biescas y Arthez de Bèarn; colaboré con otro proyecto de actividades de ocio, formación y tiempo libre para jóvenes franceses y españoles; y estoy inmerso en estos momentos en el desarrollo de otro proyecto relacionado con la educación que afecta a las escuelas de Canfranc y del Valle de Aspe. Todos ellos se encuadran en el marco del ‘Programa Operativo de Cooperación Territorial España Francia Andorra‘, los actuales ‘Poctefa‘ que sustituyen a los viejos ‘Interreg’.

La filosofía de estos programas es plausible desde todos los puntos de vista. Desde grandes proyectos de cooperación a nivel -por ejemplo- de infraestructuras que son presentados por entidades públicas como gobiernos regionales, y que suelen copar el grueso de los fondos disponibles, hasta pequeñas ideas plasmadas en humildes proyectos de mutuo conocimiento y colaboración en actividades o necesidades diversas, la realidad es que con ellos se pretende una ruptura real de barreras y un acercamiento efectivo de individuos y ciudadanos de ambos lados de la frontera y de la cordillera pirenaica.

Pero lo cierto es que el trabajo cotidiano en este tipo de proyectos, y la vida en el día a día de los habitantes de las zonas fronterizas, siguen estando plagados de innumerables dificultades de todo tipo que muchas veces hacen dudar sobre la voluntad real por parte de los responsables políticos, sobre todo regionales y nacionales, de creación de un espacio común de verdad, de una Europa que por lógica debería hacer un esfuerzo en que eso se comenzase a notar de manera efectiva precisamente en estos espacios transfronterizos.

Dentro de unos pocos días nos han convocado a los ciudadanos a emitir nuestro voto para las elecciones europeas. Y no voy a ser yo quien dé su apoyo o confianza a ninguna de las opciones por las que puedo optar en mi condición de ciudadano español y teóricamente por tanto, europeo. Y eso será así por varios motivos:

- En primer lugar por la lectura en clave ‘nacional’ o peor aún, partidista, que de los resultados de dichas elecciones van a hacer las diferentes formaciones políticas, ‘pasando olímpicamente’ de los verdaderos intereses que a muchos ciudadanos nos mueven o podrían mover a emitir un voto responsable en estas elecciones;

- En segundo lugar porque se sigue transmitiendo la sensación de que Europa no es más que un gran Club de Estados, cuyos asociados se reúnen periódicamente para discutir, hablar, y sobre todo decidir cómo se reparten los trozos de un enorme pastel, pensando en cómo hacerse con el mayor pedazo posible y sin detenerse ni un momento a pensar en los beneficios reales para la ciudadanía europea en general como colectivo único, que debería ser lo normal;

- En tercer lugar porque ningún Estado, ningún País está verdaderamente dispuesto a ceder lo más mínimo en pos de la construcción de una Europa unida de verdad, de un espacio europeo real y libre. Todos se miran el ombligo tratando de poner sobre la mesa y hacer valer las esencias patrias individuales como elemento singular y diferenciador de las otras.

- En cuarto lugar porque muchas de las opciones políticas que se dicen más progresistas, tratan de anteponer los derechos de los pueblos a los de los ciudadanos, pretendiendo y consiguiendo en algunos casos la creación de nuevas fronteras interiores que sirvan de barrera y diferenciación nítida con los Estados clásicos que lo han sido hasta el siglo XX.

- En quinto lugar porque no se articulan políticas eficaces que eviten el enriquecimiento y las prácticas abusivas de grandes empresas multinacionales que se aprovechan de la existencia de fronteras aún reales, como las telefónicas, las compañías de seguros, la banca, etc;

- En sexto lugar porque a nadie he escuchado aún proponer políticas educativas transfronterizas conjuntas; facilidades para el empadronamiento de residentes en uno u otro lado de la frontera al margen de dónde se ubique su lugar de trabajo o cuál sea su nacionalidad; protocolos conjuntos eficaces en materia de atención sanitaria transfronteriza o protección civil; unificación de criterios y procedimientos para la adquisición de viviendas de primera residencia; facilidades para el trámite en el pago de impuestos y declaración de la renta al margen de dónde se resida y/o dónde se trabaje; facilidad en el uso de cuentas bancarias entre uno y otro lado de la frontera; eliminación de tarifas abusivas en materia de comunicación telefónica móvil para habitantes transfronterizos; etc.

Por todo ello, y por más motivos que omito por no aburrir, ejerceré mi derecho al voto como hago siempre, pero sin duda será de un color blanco inmaculado. Un blanco que ojalá les ciegue, un blanco que traslade mi hartazgo, mi desacuerdo, mi censura. Un voto que probablemente no será más que un grano de arena en una playa desierta, pero que sin duda emitiré con contundente convicción.

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