Mi escritorio actual de Linux – Ubuntu
Sí, ya sé que no es muy habitual que yo escriba sobre estos asuntos, pero quien me conoce bien sabe que me interesa todo lo relacionado con las nuevas tecnologías y los nuevos sistemas de información y comunicación. Ni es mi único interés ni soy un fanático de la informática, internet o los ordenadores, pero es cierto que los uso y trato de entender -hasta donde llego- los entresijos de todo esta nueva realidad cibernética.
Desde que estudié en la Universidad de Zaragoza comencé a tratar con los primeros ordendores de Apple, unos entrañables Mac pequeños y compactos que introducían en este mundillo un novedoso Sistema Operativo basado en ‘ventanas’ que poco tiempo después emularía Microsoft con su Windows. A partir de aquella época he de reconocer que siempre fui ‘macquero’. Y esa adscripción casi inquebrantable al entorno de la ‘manzana’ se rompió el año pasado, cuando en un momento de importante debilidad económica, y debido por un lado a la avería de la fuente de alimentación de mi viejo iBook blanco, y por otro a la necesidad de integrarme por completo en la red informática Microsoft – Windows de mi empresa, me vi en la obligación de comprar un ‘pc’ con el Sistema Operativo Windows Vista.
Pero los ‘viejos macqueros’ siempre hemos mostrado una especial resistencia a caer en las redes de Windows. Y yo, hace mucho tiempo que había oído hablar de Linux. He buscado en ‘google’, he leído, me he informado y me he animado a hacer una partición de mi disco duro y a instalar este Sistema Operativo desde la distribución de Ubuntu.
Y de momento, estoy entusiasmado con las pruebas que voy haciendo. Linux está basado en el software libre. No existe ninguna gran empresa como Microsoft o Apple detrás, y existen varias distribuciones desde donde se puede instalar (Fedora, Debian, Ubuntu…). Todos los programas y aplicaciones son de código abierto, y cualquier programador con conocimientos suficientes puede destriparlos, adaptarlos y mejorarlos. Eso significa que son miles los usuarios de Linux que van mejorando el sistema, actualizándolo permanentemente y buscando soluciones a los retos que van surgiendo. Pero además, todos los programas de Linux son gratuitos. Existe por ejemplo una ’suite ofimática’, OpenOffice, que incluye programa procesador de texto, hoja de cálculo, programa de presentaciones, de base de datos, etc., totalmente compatible con Office de Microsoft. Existen todo tipo de aplicaciones para realizar todo aquello que habitualmente se hace en un ordenador con un sistema Windows: ver, gestionar y tratar imágenes y fotografías, vídeos, música; navegar por internet a través de una gama variada de navegadores de calidad; enviar y recibir correo electrónico; chatear a través de clientes de mensajería instantánea; etc.
En Linux todo es configurable, no hay dos ordenadores ni dos escritorios iguales. Instalarlo y probarlo es toda una aventura para quienes provienen de Mac o Windows. Pero las posibilidades que ofrece, y sobre todo el futuro que promete el sistema, hacen que el reto merezca la pena. Hace unas semanas escuché la noticia de que la Administración Europea migraba a Linux con la finalidad, entre otras cosas, de ahorrar costes garantizando la fiabilidad… Yo ahora, cada vez que inicio mi ordenador, tengo la posibilidad de elegir arrancar con Windows Vista o con Ubuntu. Y espero poco a poco tender cada vez más a hacerlo con la segunda opción.
